jueves, 16 de noviembre de 2017

Humillación pública

Hoy hice una declaración crucial frente al espejo. Tengo que dejar de buscarme y perseguirme tanto.

No soy tu acertijo, ni soy mi propio juego.
Soy las dudas que traigo, y los cuentos que regalo.

Soy la espina cortada, mutilada, humillada.
Soy el brazo que no dió a torcer.

Soy los besos tardíos de mi padre. Y los puñales lejanos de mis fantasmas.

Soy un pasado con forma de primavera. Soy suerte convertida en causalidad.

Soy el monstruo debajo de la cama. Soy las veces que gritaste mi nombre cuando estabas acabando con otra.
Soy lo triste de la noche. Lo erótico de esta. Lo efímero.


Soy las calles que no transito nunca mas.


Soy las decisiones que no tomé de mi porvenir.
Soy los besos de mi madre.

Soy la taza de café que no se termino cuando me fui de tu casa sin avisarte, sin despedirme.

Soy las ganas de que me sigas, de que me veas.
Sos mis ganas de existir.

Soy mi carne, soy mi padre y soy mi madre, soy los años, soy los entierros, soy los niños, y tambien el cielo.
Soy los abandonos. Yo sé que vos también sos tus abandonos.
Soy los aviones, y los vuelos que perdí.
Soy las peleas con las personas que me rodean.
Soy las circunstancias.
Soy el tiempo.

Soy prosa, y escribo tan mal.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Locuras nocturnas

Yo tenía una amiga con la que me juntaba en el pasado, que comenzamos a tener juntadas espontaneas en las que nos divertíamos haciendo jodas a la gente, como trucos para distraerlos de su confort mental, y de paso, enloquecernos un poco el nuestro riéndonos de los desajustes que padecemos todos frente a tanto alrededor.

Recuerdo que yo estaba en un momento un poco complejo de mis relaciones interpersonales en mi entorno, entre amigos y familia, y esta excepcional amistad reflejó mi espacio de escape de tanta gente que se convierte en algo importante en esta vida, en las que en medida me importaba su lugar en mi camino. Yo no me daba cuenta de la trascendencia que tenía en mi vida, y como los momentos con ella yo alivianaba mi cuerpo lejos del estrés habitual, por lo que nunca realmente rescaté una valoración real de su influencia en mi estado de ánimo y en el momento que yo atravesaba como adolescente.

Por eso las pocas veces que esto pasa, en las que yo tengo que darme cuenta de que hay cosas sucediendo más cerca mío de lo que yo creo, las respuestas a tantas dudas en mi mente aclaran su tonalidad confusa y se vuelven más nítidas, y yo puedo comprender tanto los caminos que amanezco todos los días en este tiempo de mi vida, y la razón de ellos, sin castigarme ni glorificarme, pero con el derecho suficiente de mi ver con una mirada perspicaz y sabia a mi vida.
A menudo pasa de no entender porque pasamos por cosas presentes que generan tanta ansiedad, o porque si yo corro más rápido no termino por apurar cosas que en realidad van a llegar en el momento necesario. Porque hay gente que no está cuando en realidad ahora la necesito o la anhelo en mi vida. Eso y tanto más, que duele, confunde, y nos deja como unos niñitos llorando sin comprender mientras miramos a mamá, que en este caso tiene una presencia más omnipresente.

Hay que saber mirar.

Hay que saber mirar para poder ver. Si a menudo miráramos con una mirada objetiva, y no aniquiláramos ciertas ideas en nuestra cabeza de una manera tan personal frente a ciertas circunstancias, podríamos COMPRENDER porque el tren marcha a la velocidad que puede o debe, y no a la que uno amaría ir. Porque uno es lo que es cuando tiene que serlo, para poder desprenderse lo necesario y que sea el proceso que cada uno necesite, para convertirse en algo real, y no en trucos que no sirven, porque al final del día soy también lo que valoré, lo que conozco de los lagos más profundos de mi persona, lo que aprendí a llevar sobre mi espalda.

A veces me acuerdo de esa vieja amiga, y es como digo seguido: hay gente maravillosa.

lunes, 4 de septiembre de 2017

EL UNIVERSO COMPRENDE

Que maduro permitirse ser un niño y no comprender todo lo necesario, porque no siempre se resuelven a la primera las ecuaciones y mejor no terminar los ejercicios en la primer hora. Que buena dicha sentirse raro y no saber mirarse a uno mismo siempre, porque un desconocido es más interesante y los misterios son un camino solo de ida, y conocerse a uno mismo tampoco tiene retorno.

Que suerte que mi pasión interna no se apagó, y seguí corriendo detrás de cada centenar de luces que quería alumbrar yo misma y ser parte del fuego. Y que buena suerte haber encontrado la paz para entender mi brillo en los ojos cuando me miraba en el espejo y todo era lo necesario, como el vaso que no se derrama, ni tampoco está vacío, porque calma mi sed en la medida en que lo necesito.

Que esencial ahorrarme los "yo" de mis oraciones porque tuve por una razón irrefutable de empatía y también de amor que transpirar mi alma y mis manos en situaciones complejas, en las que los laberintos mutan y se transforman las salidas de escape, y nunca más volvemos a ser los mismos. Cuanto vale todo ese sudor por la frente cayendo por mi rostro, cuando en un intento innato de crear mejores caminos para vos, termino creando mejores caminos para mi, en esa naturaleza fraterna de que no me importe entenderte ni saber todos tus enigmas, pero si de amarte tanto y no poder permitir el abismo, porque no hay opción de caída, y solo me permito agarrarte fuerte, porque ni yo me voy de acá, ni vos tampoco.
 Ninguna de las dos nos vamos de este encuentro, de esta habitación llamada Destino.

Que inteligente comprender mis maneras y mis mañas, mis pensamientos y la raíz de ellos. Que poco sutil jugar a ser una psicóloga de mi misma, como si ser mi propio testigo de berrinches y llantos no fuera suficiente. Y que buen ejercicio aprenderme a mi antes, para luego enseñarme a los otros. No boicotearme, y entender lo que necesito, percibir mis deseos más hondos y no llevar a cabo lo que no nace, lo que no está resuelto a suceder en su tiempo y forma.

Que lindo también que apareciste vos, y un prado verde nos abraza, cuando el cielo dispara luces de tarde azul y primavera flotante para los dos, y para los tres, y los cuatros, porque a veces somos tantos que terminamos por ser uno. Simpático destino que tus ojos verdes fueran parte de mis pistas para seguir mi sendero, porque con un poco de caricias cualquier golpe se hace más leve, y con tu comprensión conseguiste que saltara sobre almohadas de plumas amontonadas solo para sacarme una de mis risas que tanto te ayudaron a calmar tu ansiedad.

Que buena noticia despertarse recordando que hay un propósito, y que la sabiduría es real, y que está en todas partes. A veces la encuentro escondida en los archivos de mi padre, en las cuentas de luz sin pagar de mi madre,en los cordones desatados de mi hermano, y en los gritos de mi tía para que mi abuela escuche mejor. La buena nueva de todas las mañanas de entender la perspicacia del otro, y que no se trate solo de trucos de magia, si no de un buen espectáculo de consejos traviesos para adornar esta vida mejor.


No me pasa muy seguido pero a veces el niño dormido se despierta a mitad de la noche, y mientras todos duermen en la casa, él toma un vaso de agua y me dice sigilosamente "Calma, el universo comprende".

jueves, 31 de agosto de 2017

Ejercicios de Respiración

Silencio.

Lo necesito. Para pensar y restablecerme.

Un río llano, y tan hondo a la vez, en el que mirarme, y caer tan livianamente hacia lo profundo, chocando contra la oscuridad de lo lejano, sintiendo tan tibio el pasado y agarrándolo fuerte con las manos, para que no se me olvide ni que el me olvide a mi. Que no me deje sola, desconocida ante mi espejo de espectros, valijas, y personas, que no están ni quiero que se vayan.

Silencio.

Necesito el cielo destapado, y el alma rota en mil pedazos tirados por todo este salón de colores ocres y gritos mudos, en donde todos me ven y nadie me siente, nadie me oye, nadie se entera.

Tengo que encontrar las vías que conduzcan a una tormenta, y gritar tanto y limpiarme, en un crecer cálido, entre un montón de hojas de otoño que me cuidan, porque yo elegí cuidarlas también, y permitirme ser, y refugiarme así en esta locura de inmensidad de ser libre de tantos diablos y santos que ya no necesito, que ya no invoco ni perdono.

Sentir el calor de sus manos cerca mío, entendiendo que todo valió la pena, y que los llantos tienen su color diferente cada vez que una lágrima caía por tu mejilla, cuando ni siquiera yo entendía mis gritos internos. Es tan fácil ser el blanco, y que la flecha me traspase, me haga inevitablemente débil, vulnerable.

Estar solo y que el silencio me abraze, ser de pasto y de más nada. Ser de miel, y que me consuma el viento, y que en cada encuentro eterno me reestructure el alma, y que el alma rota en mil pedazos por ese salón inmenso lleno de silencios, se sienta sobria, de tanto pasado lleno de tanto y a la vez, lleno de nada. Que me vean como quieran, pero que me vean nuevo, porque este es mi nuevo firmamento, y yo solo pido silencio.

jueves, 20 de julio de 2017

El Club de los Poetas Drogados

Ya no sé bien ni como fue, o quizás quedó en un vago recuerdo.

No lo entendía bien, era de otra nacionalidad, y estaba desparramada por el piso mi cuerpo, y empecé a contar números para despistarme, para darme cuenta de que estaba un poco drogada.
Yo estaba cerca de mi hogar en ese momento, él no tanto, creo. Del hogar del alma, de sentirte anhelado en alguna parte del planeta. Yo en cambio, me sentía en mi hogar natal, en el que creo que me llevo dentro, sabiendo quienes me aman, como yo a ellos, en esa conexión que si es posible es de forma brutal y recíproca.

Yo no entendía bien de que hablaba, hablaba un mal ingles y aunque notaba el esfuerzo me cansaba intentar captar lo que decía. Realmente era una noche especial y bastante singular a las que llevaba mi espontanea vida.
Un chico se paró a mirarnos en la habitación y dibujó una sonrisa en su cara, como si supiera algo que nosotros no entendemos.
Yo lo observaba cada tanto al extranjero, observaba detalladamente sus gestos, el movimiento de sus facciones como si estuviera contestandome a algo o simplemente era parte de su efecto, ese efecto que me hacia pensar en alguien que estaba en paz, pero como si fuera un niño. Un niño risueño lleno de paz directo a volcarle al mundo todos sus sueños, como si no bastara con esa singularidad que tenia para hacerte creer que ademas de un niño, era un sabio.

No recuerdo bien bajo los efectos de cuanto THC estaba, pero esa noche no volví a ser la misma.

En algún punto exacto de ese momento en el que estábamos ahí, sentía como si fuera un encuentro, una reunión entre dos, como si no fuera necesario las cortesías y todo se resumiera a entender que simplemente todo estaba bien.
Destapó una botella de ron, y luego se empezó a insinuar sobre mi, intentando un encuentro cercano de nuestros cuerpos, y en el momento en que dejó la copa en el suelo empezó a palparme, a tocarme lenta y cautelosamente, como si no fuera la primera vez que entendía mi cuerpo, en la osadía de conocerme sin saberlo, de besarme cuidadosamente las manos, rebozando sobre sus labios sobre mi piel.
Era encantador la forma en la que me hizo sentir su cuerpo cerca mio, sus pensamientos mas íntimos, su lengua entremeciendome en un atardecer de otoño, cuando las hojas caen para volver a renacer, en un crepúsculo que no ya fue, y ahora el amanecer surge para contarme otra historia con un viejo amor.

No es necesario insinuar que nuestros encuentros fueron luego, en cantidades cada vez mayores, como si el placer de sentirnos cerca fuera adictivo. Continuamos nuestros planes de seguir viajando, pero de encontrarnos siempre en algún lugar y volver a residir juntos, razón por la que me estoy yendo por un mes a casa de mis padres a verlos, y volver a la casa que estamos alquilando por un tiempo en esta ciudad hermosa que nos esta contando cosas que nunca vivimos y sentimos, pero ahora todos los días es una historia nueva antes del café de la mañana, y luego podemos irnos tranquilos, sabiéndonos íntimos, cómplices.

Miro el tren llegar a la estación de trenes, y si algo que comencé a sentir junto al sonido del tren es que alguien nuevo se convertía en mi confidencia externa vital, era que ahora el era parte de mi hogar natal.

miércoles, 19 de julio de 2017

Día miércoles

Me parece que lo más importante son las percepciones.

Digo, sí al momento lo armo y/o lo genero yo, entonces tengo la total responsabilidad de como lo vivo y lo sigo, lo desarrollo y lo armo.
Puedo estar teniendo problemas menores, o problemas mayores, o estar en un momento de mi vida calmo, o con revuelos de tantas cosas que van y vienen y tantas que se quedan, para siempre.
Pero el ojo con el que las miro, y las palabras y acciones con las cuales afirmo como tal situación está volcándose en mi vida depende plenamente de mi, no solo por la responsabilidad que tiene mi existencia sobre mis brazos, si no porque también soy la primer testigo certificada de todo lo que vivo, viví y estoy viviendo.
Y no me parece menos importante decir que el respeto que tengo por mi vida, mis tiempos, y mi intimidad conmigo misma es algo a lo que me reservo el derecho de admisión a cualquiera que no sea yo, sumando también a mis pies, mis manos y todas las partes de mi cuerpo que hayan sentido de una u otra manera las situaciones, los abrazos, los besos, los gritos, las risas y los llantos, en este pasar por la senda en la que elijo querer y respetarme, a mi y a los otros, con la grandeza del momento, con la visión necesaria para aprender a ver, tanto uno solo, como acompañado. Con la conciencia tranquila, con muchas dudas pero muchos trucos para contestarlas, y con la tranquilidad necesaria para hacer feliz a los otros y a uno mismo.

Cuentito

Hace dos horas me dolía de forma intensa la muela. Probaba bocado y se me partía de dolor, por que en una de esas ahora ando en salado tratamiento dental por el estado de mi dentadura que no es nada envidiable ni atractivo. Crucé hasta la farmacia que está a dos aptos de mi casa y le pedí un analgesico para aliviar el dolor al menos una hrs hasta que vaya al dentista de emergencia, con cautela y un poco de miedito a tener que tomar pastillas como Perifar y Noveminas, analgesicos que no me gustan en mi cuerpo porque ya tengo bien claro las sustancias que sí prefiero.

A todo eso se basó en los 40 pesos con los que fui como presupuesto, que claro, un analgesico sale 100 en adelante y es por blister. Me terminó dando una especie de novemina de los años 90 que tomaba la cuarentona que estaba atrás de mi cuando tenía 20 años, que se metió en mi compra y me comentó que  su amigo el farmaceutico me iba a dar una pastilla que ni a un niño lo deja tarado.

Le dije "no me des nada que me dope y me deje pelotuda", a lo que me miró con una cara perspicaz y me dijo "nena, si te voy a vender algo que te dope te lo vendo más caro ;)"

*carita de drogón*