domingo, 2 de agosto de 2015

Fisionomía de vos y yo.

Mitad vivo, mitad muerto. Y esa mitad viva tiene que abarcar la otra parte, se tiene que encargar de contagiar a la otra mitad difunta, o quizás no difunta, porque no falleció. Fallecer no es lo mismo que morir. Muerto se nace, fallecer se fallece cuando se cumple un ciclo. Vivimos falleciendo y volviendo a nacer pero no es el punto de la nota. No. Nunca se el punto de lo que escribo. Creo que por eso me considero mala en esto.
Y en esa parte muerta está todo lo pesado, la tristeza, la soledad (la soledad es especial porque también está en la zona recargada y viva, es letal ella, siempre está, porque siempre estamos solos), y quizás, un pesado de ese pasado, la mayoría. Porque el hemisferio muerto es íntimo, es todo tuyo, nadie lo puede ver, por eso está el pasado, es tuyo, y nadie más puede entrar y mirar la casa, pero vos en cambio te conocés todas las piezas, y los muebles, y el polvo que cubren esos muebles.
En cambio, la zona viva, es otra cosa, ahí está el futuro, es puro colores, y ahí entrás vos con tu sonrisa de arco iris y yo me quedo mirandote y te dejo entrar a mi patio, pero me da miedo dejarte entrar a mi casa de muebles empolvados y mirá si explota todo, yo no quiero que sea igual que con los demás, ser libros abiertos con gente abierta a otros libros.
Y ahí se queda la casa, siendo felíz saltando en la ciudad llevando la casa a oscuras a tientas, regalandole flores a otras casas con muchas flores y muebles empolvados y de vez en cuando te animás y desempolvás con esa otra casa a oscuras y a tientas y chocamos, y colisionamos y digo chau porque mañana ya estoy dentro de vos.