miércoles, 30 de noviembre de 2016

Diarios perdidos

Voy a tener que mover el recuerdo y el alma. Voy a mover el cuerpo y las entrañas y aunque lo hiciera no cambiaría nada.
No puedo chocar el cielo infinito, no puedo mover una nube inamovible, no puedo mover el alma tres casilleros atrás.
Y aunque quiera, aunque lo dije, aunque ese pasado yo lo anhelara, no puedo, no puedo ver el resplandor con los ojos cerrados, no puedo amarte sin saberme, no puedo abrir el alma con una llave.
En cambio, puedo guardarte, puedo torcerte, puedo abrazarte y cuidarte.
No puedo romperte (sos irrompible). Puedo amarte, porque sos eterno, porque cambiaste, que suerte que cambiaste. Que suerte que lo hiciste, que suerte que la encontraste, que te quedaste. Que suerte que no estás conmigo, que suerte que no te entregaste.
Ahora, no puedo romperte, pero puedo abrazarte (por suerte solo estirarte, torcerte y sincharte) y cuidarte. Y guardarte.


(Lo encontré en un diario del año pasado y estaba algo borroso lo escrito, lo único que hice fue una transcripción fiel de lo que a mi mente estaba usurpando)

domingo, 27 de noviembre de 2016

Mucha ropa.

Hoy voy a dedicarme a escribir un post sobre mi ropa. Sobre todo la ropa que tengo en mi armario (provisorio) y que logra que mi maleta esté cada vez al borde de la explosión.
Comencemos con que me puse a ordenar ropa encima de mi cama (provisoria) y era tanta, de tantos estilos, colores, diseños, etc., que me di cuenta que no me falta ropa, y lo que es mejor, tengo tanto para combinar como para elegir de que forma quiero salir a la calle. Tengo absolutamente todo tipo de prendas, y la variedad es genial.
Por ende, he notado que en estos dos años de independencia en que todo comenzó con un "Hola mamá, me largo de casa" para irme a lo de mi papá para luego decirle "Hola papá, creo que me largo de casa" y terminar viviendo en una pensión de mala muerte entre prostitutas adictas al crack, venta de drogas y llantas de auto, lo que más he hecho, es gastar en ropa; ropa que me identifica; ropa que me pongo para ser diosa, para sentirme bien, para ser Nataly, y lo más divertido, la Nataly que quiera ser en los momentos oportunos (para mi conveniencia), por que sí, siempre tenés que guardar ese trajecito de enfermerita que te compraste en Erótica cuando cumpliste 18 para sentirte rockera.
Repito, estoy hablando de una variedad de prendas que rondan en mi armario (provisorio) que como ya notaran por el estilo de vida que estoy llevando, siempre terminan en mi maleta.
Estoy orgullosa de tal reliquia que poseo, dicese de la millonada de prendas que mantengo en mi poder.
Realmente, estoy hablando de todo tipo de prendas que puedo mezclar, superponer, meter al lavarropas, reciclar, etc. Porque destaquemos que claramente, soy una buena recicladora de ropa, y me doy el merito de considerarme ya desde mi pre-adolescencia como una gran fabricante de vestimenta y emprendedora de estilos.
Tengo polleras a acuadrillé, tengo polleras de bailanta que termino modelando en alguna tarima de Cain como buena putona, tengo polleritas tiro alto, polleritas de sweetie girl, de todo, para ser la Nataly que quiera todo el tiempo, y ponérmelas con botas de ·diva de la noche·, con championes converse jurando Avril Lavigne, whatever.
También superpongo y me termino poniendo la pollera sobre el short sobre la calza sobre la tanga negra de encaje AH PORQUE SÍ mami, la ropa interior es clave. Ah bueno, sí, debería conseguirme un laburo, pero la cuestión es que quería compartir con mis lectores la situación actual de mi maleta viajera y peregrina como su dueña (ojalá un día pueda visitar el Machu Picchu como ustedes) que está al borde de la colisión de la que van a salir volando medias de redes por un lado, blazers con pins de Nirvana por otro y toda esa colección de ropa que me ven usar cuando es domingo y cruzo hasta el Tata de Roxlo después de dos días sin bañarme con el vestido este que me siento la versión rancia de Isabelle de The Dreamers porque en realidad me parezco al Dude de El Gran Leboswki.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Encuentro en el Paraíso de Kafka y Neruda.

Publico en esta entrada mi diálogo perteneciente a mi segundo parcial de Sexto Año de Literatura en el liceo IAVA.

Era una niebla espesa que se acentuaba cuando más se agitaba el paso. Un ámbiente frío y desolado, pero silencioso, y en ese silencio había paz. Se sentía en lo alto, quizás Dante volvía para prevalecer, para volver a desafiar los reinos del universo, infierno, paraíso y limbo, pero no, era el simple lecho de las almas que podían verlo todo. Se encontraron Kafka y Neruda en ese lugar, y se miraron, se sentaron en un banquillo, y se reconocieron.
Kakfa: Usted es Pablo Neruda, ¿verdad?

Neruda: Sí, Pablo de Chile. ¿Usted? Pare, usted es Kafka! ¡El gran insecto amado por todos sus lectores!

Kafka: No lo creo, quizás amado pero no por mi mismo, ojalá hubiera sentido tal dicha de la felicidad, me tocó una mirada escéptica, usted sabe, cuando se entiende mucho también se sufre mucho.

Neruda: Sí, la lucha por mi pueblo costó, incluso todavía aquí con usted siento que sigo con mis compañeros, con mis camaradas buscando la igualdad, la lucha por la dignidad! La tierra está llena de hombres malsanos, dictadores, buscando el sufrimiento de los más desfavorecidos...

Kafka: Vivimos en un mundo cruel, lleno de tintes grises, como insectos caminando en fila hacia un final de alienación, trabajando para alguien más grande, el insecto mayor, usted sabe, eso de ser insignificante, ¿acaso no lo seremos todos?

Neruda: ¿Usted no cree que hay suficientes razones para creer en la firmeza del ser humano sobre la tierra? Una mujer, una lucha, la determinación de seguir, una rosa, una noche azulada, ¿no cree que esa autenticidad de la Dicha no lo convence a crear un mundo menos gris? ¡Seamos inteligentes, canallas los hay, pero uno no debe ser uno de ellos, debe luchar todos unidos contra eso!

Kafka: Usted es un revolucionario risueño, y perdoneme si acaso lo cree una descripción brusca, pero cree en una salida a este mundo, me siento acaso un insecto en su cuarto tratando de amoldar sus tantas piernas a su cama, a sobrevivir de pie...

Neruda: Creame Samsa, ejem, disculpe, ¡Kafka!, este mundo está lleno de matices esperando que usted los acomode a su gusto, o mejor, a el beneficio de todos, vengo de un continente masacrado, colonizado, que hoy sostiene sus tierras a través de la lucha, del cultivo, del amor a la tierra como a los ojos de una mujer, cambie ese escepticismo del que habla y exaspera a traves de la poesía, del poder de hablar en ese lenguaje que usted y yo conocemos, es letal.

Kafka: Y usted, ¿qué me cuenta de su vivencia, de su travesía por ese mundo que ahora con usted yo siento que está ahí abajo?

Neruda: Yo siento lo mismo, esta nebulosa me hace sentir que estamos en otra dimensión señor Kafka, ojalá sea un buen sueño. Pues, sí, definitvamente una travesía, de mujeres, tierras desconocidas, luchas, y mucha poesía para enternecer el alma.

Kafka: Mi travesía fue la literatura, mi mejor viaje hacia mi mismo. Me atrevo a confesarle que me parezco tanto a Gregorio Samsa que me apena, ¡mi vida fue tan estructurada! Un día decidí que escribiría todas las noches en mi cuaderno luego del trabajo, y mi vida convirtió esos días desolados en una oficina, a la incertidumbre de saber que desplomaría con mi puño esa noche sobre mi escritorio. Eso es magía, Pablo.

Neruda: Tuve dos compañeras, y una hija, estuve enamorado, si usted me describe magía, entoncés yo prefiero describirla con 20 poemas de amor y una canción desesperada.

Kafka: Qué osadía que padece usted Neruda, yo amé a una mujer en los altos alpes de Europa, y mi padre no me dejó contraer matrimonio con ella, imaginese que le escribí una carta y nunca se la envié, ¡nisiquiera tuve la valentía de entregar mi alma en una carta!

Neruda: No se lastime tanto, Franz Kafka, usted ve las cosas de una manera exquisita, ojalá todos en algún 
momento se sintieran un insecto, para entender en las dimensiones en los que estamos creados, y entender al prójimo, las guerras que se ahorraría la historia...

Kafka: Sí, pero usted está lleno de pasión, y aunque yo también, me faltó la osadía en muchas oportunidades de explayarla, y verme a través de los ojos ajenos de la forma en que yo quería.

Neruda: La incomprensión es digna de alguien magnífico, ¿no cree? ¿acaso pretendía ser comprendido por su jefe y sus compañeros? ¿qué podrían entender de su magnificiencia para entender la verdadera esencia de la vida, de que somos más que una corbata? Kafka, usted ya se explayó, su arte es su esencia, le repito, no se lastime, sienta la paz de esta niebla.

Kafka: Sí, Pablo, esta es mi vida, debo vivirla a cada instante, esta niebla calma y silenciosa tiene tanta sabiduría como su alma.

Neruda: Caminemos Franz...