lunes, 16 de enero de 2017

Diario de viaje (?)

No estoy inspirada, y básicamente lo que tengo que hacer para que cuando la intensidad se vaya de mi alma es escribirlo, pero acumulé tanto viaje, tanto sueño(s), tanto tren y tanto aire que ya no intento sacarlo ni retenerlo. La mochila y la maleta de mano (que se me ocurrió traer para un mes de viaje), se derriten en el suelo, en el suelo de baldosas de una plataforma de un tren con destino a Valencia Nord.

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Uno está viviendo, y uno lo está haciendo constantemente. Subestimé esa constancia, y ahora tengo una libélula tatuada en el hombro, y a esa libélula también la subestimé. Subestimé los besos, el campo bien verde que rodeaba mi casa de la infancia. Subestimé las montañas que ahora rodean la casa de mi hermana. Subestimé el tiempo, los abrazos, las miradas, los tiempos de mis amigos, subestimé mis tiempos.
La naturaleza es sabia, y aunque no lo parezca, una de sus naturalezas, la humana, también lo es. Uno es víctima de esa naturaleza sabia, de los tiempos conjugados de la naturaleza que lo rodea y uno mismo, de las montañas pasando a través de mi paisaje en un tren mientras lo miro, y me veo siendo persona, entendiendome, a través de la vulnerabilidad. Repito, la vulnerabilidad de ser-persona.

Mis labios se tornaron de una tonalidad rosa. Siempre lo hacen.


Quizás no quiero volver, quizás no quiero soltar el abrazo, quiero quedarme un minuto más, una eternidad más. Quizás necesito aprender, respetarme, saberme, aunque duela y aunque sangre. Necesito comprender los relojes, necesito captar la esencia de lo efímero, y dejarme de bobadas, de películas de destiempos y de amores que fueron.
Necesito entenderme atravesando el océano atlántico, con su frío gélido, su frío que me podría matar si me despidiera del avión, entregandome devastada, trágica, entera.
Necesito ver más, y no ver nunca más ciertas cosas. Regalarme rosas, romper algún plato y muchos espejos. Volver, siempre, aunque cueste y me lastime, y ya no me busquen los que espero, por los que vuelvo, y entender quien soy, sin pormenores, con los pormayores necesarios, sin sentidos y sin formas.
Necesito gritarlo, todo, envejecer y volver a ser joven. Renacer. Y nunca, nunca morir.
Besarte un rato más, y que todo siempre esté bien, que a los ansiosos nos vuelve locos lo inconcluso.
A veces estoy inspirada, y a veces no.

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