domingo, 5 de marzo de 2017

Estoy con el pecho un poco estrujado, recién a la laptop le costó prender y hacía mecanismos raros de encendido y me estrujó más el alma.

A veces, cuando no pude con las situaciones, con las personas, con mis trabajos, con mis pensamientos y con todo el alcohol que bebí, me encerré en el estrujamiento de mi pecho, me embargué todita y entera ahí, sin saber que hacer, sin saberme fuerte, loca, siendo quien puedo, quien tengo que ser.

Honestamente, ya no me hundo tan profundo, ya no me lastimo tan bajo, ya no me beso en baños encendidos bañada en tekila, toda yo, toda vacía.

Ahora, tengo 20 años y mañana podría estar empezando facultad, como lo pude haber hecho en 2015, y ahora estar en tercero y quizás ser parte del gremio, y ver a mis compañeros promoción 2014. Bueno, no muchos lo saben, pero en 2016 me la jugué y recomenzé el liceo y aún hoy en 2017 me quedan unas pocas materias, y a veces me lastimo pensando que debería ser, pero una vez alguien dijo, o leí, no recuerdo, que las cosas son lo que son, no hay caminos alternos, ni siquiera en lo más profundo de la imaginación. Yo no soy quien debo ser, yo soy lo que necesito ser, para ser quien soy hoy, y quien voy a ser mañana, cuando me digne a estudiar algo, a prepararme una tarta, a adoptar a un chino, o tener un hijo en un hospital de quien sabe que país.

Bueno, podría estar en tercero de facultad, pero prefiero estar acá, rindiendo las últimas materias del bendito liceo, que difícil no es, pero lo estoy haciendo ahora, ni tarde ni temprano. A veces me enloquezco tanto, buscando horas, fechas, momentos, lugares, de lo que debo ser, de lo que debo decir de mi, de lo que debo pensar, y me hundo en lágrimas, porque soy un compuesto de tantas Natalys que me rebozaron el cerebro, y me lo explotaron hasta la ultima lágrima del vaso lleno de alcohol, tantas veces que salté y y besé, y robé algún libro a alguien, que no puedo contenerme, soy quien debo ser, con mis formas y mis crepúsculos, y mis amaneceres, y mi maquillaje corrido porque odio delinearme los ojos y a los 15 minutos ya soy una viuda triste, sola.

Yo voy a ser viuda siempre, aunque suene histriónico. Voy a ser la viuda de las que pude ser, y no fui, porque no quise, no debí ser. Soy la viuda de alguien quieto en el páramo, llano y limpio, tranquilo y demoledor en su entereza. Para ser esta loca que soy, corriendo, saltando, balanceándome en hamacas de Malvín un sábado a las tres de la mañana o en una plaza de Valencia, en España. Para ser esta que no quiere ser hombre o mujer, vagina o pene, linda o fea, flaca o gorda, encontrándome cada tanto en algún espejo de algún café, pero nunca en los brazos de otros. Encontrarme enviudísima, luchandome, compitiendome, tomandome aviones, rindiendo exámenes chotos, conversando con alguien en la calle que desconozco, comprando en un 25 horas, suelta, firme, llorando, llorando a lágrima fuerte, pero llorando con ganas y llamado a la muerte, que venga, que estoy acá, siempre loca y esplendorosa, con una sonrisa gigante, y nunca recogiéndome, siempre perdiendo mis partes, yendome, yendome y reciclandome, haciendome de nuevo, de la misma materia que los astros, brillando a plena luz en la noche, entregada a ellos, mimetizandome con el firmamento, impenetrable.

"Pobres tontos, pobres diablos, lunáticos diamantes prometidos de carne, lánguidos, impalpables son mis amantes..."

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