domingo, 22 de enero de 2017

No uso diarios íntimos.

Qué increible la gente, no cierto? La otra vez (hace 50 años) me dijeron en una conversación corta que no sé como comenzó ni terminó (por suerte) que estaba claro que yo era de esas que usa diario íntimo seguramente, como para suavizar mi existencia cruel y difícil bañandome en colores rosas pulcrando cada letra en un puto diario de esos que tiene candaditos. Pues no. Yo no uso diarios íntimos ni me presento a noches de poesía en bares a canturrear mis prosas. Ni ando compartiendo frases motivacionales en mi cuenta de Facebook. Es íncreible que haya humanos que crean que pertenezco a ese tipo de grupos urbanos (?)(?)

Es cierto que ando bastante onda Paulito Coehlo o peor, ando psicomágica como un Jorodoswky cualquiera. Sin duda, convertirse en una pregonera de la autoayuda es mucho más fácil y letal de lo que uno cree, y para peor, para los que no se saben mirar un poquito desde afuera, cuesta más asimilar diferencias los discursos. Bueno, si estás leyendo mi blog claramente vos tampoco sabés diferenciar si yo uso diario íntimo o no.

El problema de que la gente (la minodumbre que me importa) piense que uso diario íntimo, no es que literalmente, yo tenga un diario íntimo con candado y rositas en la tapa en algún estante, si no el hecho de que ellos me imaginen abriendo todas las noches ese cuaderno y me acueste en la cama como una princesa de 14 años descubriendo el mundo de los besos primerizos anotando todo tipo de confesiones palpitando ante todo el nerviosismo existencial de vivir tanta rebeldía. (?)
Ok, no uso diarios íntimos como desde los 11 años, incluso diría que al mismo tiempo que me obligaron a tomar mi comunión cristiana yo guardé ese librito lleno de dudas sexuales y niños que me gustaEXISTENCIALISMO. Ah sí, era una mujer muy profunda en mi infancia.

No uso diarios íntimos ni sé como promocionar mi blog, incluso lo comparto en Facebook, y eso que anoto cosas importantes acá, cosas que me pasan por el alma y el cuerpo, y la mente y yo para meterle connotación banal lo comparto ahí, en esa carniceria de bobos resueltos a poner mg a lo que se les cruza en el inicio, pero bueno, ya encontraré alguien que me lea, los versos, las lineas, que yo quiera que me lea. Tampoco uso libretitas para anotar mucha cosa larga, solo formulo preguntas bizarras y espero que alguien me la agarre y me la conteste con algo aún más bizarro. Basicamente este es mi lugar, pero ojito ojete, que es solo una parte, una parte pequeña y mediocre, porque en mi cabeza hay un mundo que gira, con estrellas y galaxias alrededor, explotando en cada nanosegundo, buscando respuestas sin preguntas, pensando, cogiendo, soñando, corriendo, llegando tarde a lugares, sonriendo, charlando, pagando boletos a lugares que no conozco, viniendo y yendome, y como siempre, aprendiendo a promocionar mi blog.

Crónicas de vidas que andan viviendo

Me siento como en Like Crazy, la vieron? Basicamente una chica estadounidense se enamora de un británico pero a ella la deportan de Londres por que se le vence la visa, pero queda re enganchada con su saliente londinense y luchan por verse y se ven cada tanto cruzando el charquito que los separa y bueno, eso.

Sí, de eso se trataba el post.

No mentira, es porque pensé que mi vida no podía ser menos trillada y me terminó gustando alguien que no vive a dos cuadras, tampoco a en otra ciudad cercana, ni mucho menos en el mismo país. Era más fácil enamorarse de alguien que tengo a millas de distancia, pero bueno, si alguien te conmueve, que puedo hacer? Sentir.

Estamos en enero de 2017, y no se como van a funcionar las cosas, a mí que me gusta mecanizar tanto y pensar las cosas, y desenlaces preciosos e históricos a mi favor...tengo la cabeza cansada.

Pero quiero escaparme de este continente maldito, maldito ahora, y maldito para mi, que el mar hace estragos y me separa de aquello, el aquello fiel y tierno de un pasado inmejorable, de algo que fue y debería ser, y va a ser, en aguas profundas de olvido y desengaño, y amor infundado hacia lo que a uno le hace bien, de ese mundo mejor, esa ciudad mejor que en la que ya me encuentro. Tu cuarto también es mejor, como tu calle, tu mar de tinta de mis libélulas en mi piel. Un mar de libélulas, que tenga alcance, que me hunda en el pecho, que te hunda a vos en lo mismo que a mi. Que exploten en aleteos incesantes en un órgasmo esperado que llegará, en seis meses, en un año, en el momento en que el avión despegue y te tenga frente a mi, desnudo, sudando toda con vos.

Y basicamente, eso.

lunes, 16 de enero de 2017

Diario de viaje (?)

No estoy inspirada, y básicamente lo que tengo que hacer para que cuando la intensidad se vaya de mi alma es escribirlo, pero acumulé tanto viaje, tanto sueño(s), tanto tren y tanto aire que ya no intento sacarlo ni retenerlo. La mochila y la maleta de mano (que se me ocurrió traer para un mes de viaje), se derriten en el suelo, en el suelo de baldosas de una plataforma de un tren con destino a Valencia Nord.

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Uno está viviendo, y uno lo está haciendo constantemente. Subestimé esa constancia, y ahora tengo una libélula tatuada en el hombro, y a esa libélula también la subestimé. Subestimé los besos, el campo bien verde que rodeaba mi casa de la infancia. Subestimé las montañas que ahora rodean la casa de mi hermana. Subestimé el tiempo, los abrazos, las miradas, los tiempos de mis amigos, subestimé mis tiempos.
La naturaleza es sabia, y aunque no lo parezca, una de sus naturalezas, la humana, también lo es. Uno es víctima de esa naturaleza sabia, de los tiempos conjugados de la naturaleza que lo rodea y uno mismo, de las montañas pasando a través de mi paisaje en un tren mientras lo miro, y me veo siendo persona, entendiendome, a través de la vulnerabilidad. Repito, la vulnerabilidad de ser-persona.

Mis labios se tornaron de una tonalidad rosa. Siempre lo hacen.


Quizás no quiero volver, quizás no quiero soltar el abrazo, quiero quedarme un minuto más, una eternidad más. Quizás necesito aprender, respetarme, saberme, aunque duela y aunque sangre. Necesito comprender los relojes, necesito captar la esencia de lo efímero, y dejarme de bobadas, de películas de destiempos y de amores que fueron.
Necesito entenderme atravesando el océano atlántico, con su frío gélido, su frío que me podría matar si me despidiera del avión, entregandome devastada, trágica, entera.
Necesito ver más, y no ver nunca más ciertas cosas. Regalarme rosas, romper algún plato y muchos espejos. Volver, siempre, aunque cueste y me lastime, y ya no me busquen los que espero, por los que vuelvo, y entender quien soy, sin pormenores, con los pormayores necesarios, sin sentidos y sin formas.
Necesito gritarlo, todo, envejecer y volver a ser joven. Renacer. Y nunca, nunca morir.
Besarte un rato más, y que todo siempre esté bien, que a los ansiosos nos vuelve locos lo inconcluso.
A veces estoy inspirada, y a veces no.